El físico y divulgador británico falleció este 14 de marzo a los 76 años, después de más de medio siglo superando el pronóstico que daba la enfermedad que le aquejaba, y llevando a la humanidad varios pasos adelante en la exploración mayor a la que aspiramos: aquella que describe la realidad misma.

Si para descubrir cumbres empleamos la escalada, lo mismo que la espeleología para adentrarnos en cuevas, para explorar el universo utilizamos la ciencia, que no es más que la sistematización racional del mismo espíritu humano que nos hace cruzar un río o ir a ver qué hay detrás del cerro. Y sus practicantes son, al igual que un montañista, exploradores, pero de cumbres distintas, cumbres que, con frecuencia no se encuentran en nuestro planeta o, en el caso de Stephen Hawking, ni siquiera en nuestro espacio-tiempo.

Entre los senderos abiertos por Hawking se encuentra su trabajo sobre la singularidad gravitacional -sustento para la teoría del Big Bang, una explicación sobre cómo todo comenzó-, su propuesta sobre las leyes de la termodinámica de los agujeros negros -uno de los fenómenos más misteriosos en el universo-, así como numerosas contribuciones en torno a la relatividad general, aportaciones que se vinculan directamente con temas como el origen del tiempo, el tejido de la realidad, y el destino mismo de universo.

Stephen Hawking, quien vivió toda su vida adulta con esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que lo postró en su característica silla de ruedas y que lo obligó a comunicarse con la voz electrónica que conocemos popularmente, se sobrepuso a las limitaciones físicas y consiguió refinar su mejor herramienta, la mente, para llegar más lejos de lo que sus piernas y brazos jamás hubieran conseguido por sí mismos. Stephen Hawking fue, así, un explorador que abrió brecha para que la humanidad se acerque, aunque sea un poco más, a entender el funcionamiento de todo lo que nos rodea.

“Somos simplemente un tipo avanzado de simios en un planeta menor de una estrella promedio. Pero podemos entender el universo. Eso nos hace muy especiales.” – Stephen Hawking

La muerte de Hawking no puede evitar ser trágica e histórica, como lo es la de cada héroe o ser querido. Sin embargo su obra, que continuará desarrollándose mediante cientos de mentes brillantes alrededor del mundo -algunas de ellas mexicanas-, será un legado tanto de avance científico formal, como de inspiración para que millones elijan el camino de seguir buscando nuevas fronteras para el ser humano.

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