Rafa Ortiz, kayakista y uno de los deportistas mexicanos más exitosos en el mundo, ha roto récords mundiales siguiendo su pasión por explorar cascadas desconocidas.

A sus 30 años de edad, Rafa Ortiz es el mejor kayakista mexicano en el mundo. Ha ganado varios reconocimientos internacionales, como el “Deportista Extremo del año” de Premios Univisión 2014, ha roto récords mundiales y ha conquistado el corazón de cientos por su carácter abierto, cálido, apasionado, así como por promover el respeto al medio ambiente.

Pero para llegar hasta donde se encuentra ahora, Rafa ha pasado por un proceso largo de dedicación y entrega a este deporte que inició con catorce años.

Donde todo empezó

Desde los nueve años hacía rafting. Empezó en el mundo del kayak cuando tenía catorce. Él y su hermana, dos años mayor, cumplen años el mismo día. Su papá decidió regalarles un kayak cuando los vio con 60% de descuento en una tienda.

“Mi hermana estaba con mi papá mientras nos buscaban regalo de cumpleaños. Optaron por el kayak y yo creo que no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Por dos razones, una, vivíamos en la Ciudad de México, ¿dónde carajos los íbamos a usar? La segunda, porque a partir de que tuve la oportunidad de estrenarlo, no lo solté.” Rafa Ortiz

Fue en un rancho de la familia, que está junto al Río Filobobos, en el Estado de Veracruz, en el que Rafa pudo probar por primera vez su kayak y el descenso de ríos.

“Claro, todo era muy improvisado porque no teníamos mentores. Usábamos cascos de patineta y remos de plástico. Había unos cuantos guías de los rápidos del Río Filobobos y ellos nos platicaban lo que observaban que hacían deportistas estadounidenses cuando pasaban por el río, y también lo que ellos mismos sabían. Pero una balsa es algo muy distinto a un kayak. La técnica es distinta, el manejo, los peligros a los que uno se enfrenta. Al principio todo fue bastante autodidacta.” Rafa Ortiz

Canadá, el país donde su vida kayakista se profesionalizó

La carrera profesional de Rafa inició más o menos al año de hacer descensos en el Río Filobobos. Tuvo la idea de pedir videos vhs por internet. En aquel entonces no existía youtube. Entonces recibió una serie de películas de kayak en el que salía el río Ottawa, en Canadá.

Convenció a su familia de hacer un viaje por el este de ese país. Después, Rafa se quedó una semana haciendo un curso de kayak. Tuvo la fortuna de coincidir con los mejores kayakistas de ese momento.

“En Canadá, estaba donde sucedía el deporte. Me encontré con los mejores kayakistas del mundo probando prototipos. La comunidad de este deporte es pequeña y conocer al campeón mundial era bastante sencillo.” Rafa Ortiz

Durante los siguientes años, Rafa volvió a Canadá cada verano. Se compró un kayak corto, para freestyle, y comenzó a aprender los trucos y maniobras del momento. Pronto dominó el loop, pistol y el donkey flip.

“El deporte estaba viviendo una evolución tecnológia importante y fui parte de esa generación a la que le atrapó el freestyle.” Rafa Ortiz

En el 2005 Rafa se convirtió en el primer mexicano en competir en un mundial internacional, el World Freestyle Championships, en Australia. Al año siguiente, su vida dio un giro natural, que respondía a su instinto de exploración.

Expedicionario por naturaleza

En sus veranos en Canadá, Rafa consiguió su primer patrocinio con Jackson Kayak. A través de ese patrocinio conoce a Ben Stookesberry, el expedicionista en kayak más revolucionario, quien se convertiría en su gurú.

En el 2006, con 18 años, Rafa vuelve a Veracruz, al río en el que aprendió a remar. Pero en esta ocasión va acompañado de Ben y con ánimos de explorar la parte más alta del Filobobos, el río Acececa, internacionalmente famoso por el récord mundial que Tao Berman conseguiría en el 97’, con el descenso de la cascada Tomata. Allí, el interés de Rafa por el kayak cambió.

“De estar metido en el freestyle por años, regresé a los ríos. Aprendí el arte de descender un río con cascadas. Fue una experiencia muy importante porque el descenso del río que hicimos Ben y yo, llamó la atención de los atletas de todo el mundo y comenzaron a ir a ver esas cascadas. Tuve la suerte de estar en el momento y lugar donde el deporte evolucionaría. Fue un giro del kayakismo en general.” Rafa Ortiz

Rafa dejó su kayak de freestyle de 1.60m de largo y comenzó a practicar el Creeking, el descenso en ríos, con uno de 2.30m. Se apasionó por el arte de la expedición.

“La idea de empacar comida, equipo de dormir, cuerda y salir a buscar cascadas y ríos fue, sin duda, un momento clave en mi vida. Me fui a India, a los Himalayas, a Brasil, a Pakistán; exploré México. He remado en todos los continentes. Y lo mejor, es que esto nunca acaba, me falta Islandia, Noruega, Ecuador. Remar el Zambezi, África, es uno de mis sueños.” Rafa Ortiz

El momento más importante de su vida

Por cuatro años consecutivos Rafa observaba la cascada Big Banana, de 42 metros de altura, mientras remaba el mejor recorrido a nivel mundial para hacer Creeking, en Veracruz. Si en el 2006 hubiera sido una idea descabellada aventarse de ella, en el 2010, se decidió a hacerlo.

“Cada fin de semana estaba abajo de esa cascada pensando que seguro se podía descender. La veía con tantas ganas. Hasta que, eventualmente, en el 2010, en otra expedición, me armé de valor y me aventé. Fue un momento super grande en mi vida. Un proceso de crecer, de poner tu vida en el borde. Al final, confiando en mi juicio, salió bien.” Rafa Ortiz

En busca del récord mundial

Un año antes del descenso de Rafa de la cascada Big Banana, en el Filobobos, Tyler Bradt había roto el récord mundial cuando se aventó en la catarata Palouse de 57 metros en Washington. No obstante, en el 2012, Rafa repetiría la hazaña de Bradt.

“Cuando estaba en el borde, recuerdo que pensé “no, no, esto sí está muy cabrón, muy cabrón”. Pero, en el momento en que empiezas a caer entras en un estado de autopilot, el cerebro funciona rapidísimo, percibes mucho todo lo que sucede a tu alrededor. La caída dura más o menos cuatro segundos. Usas mucho el cuerpo, lo vas moviendo para controlar el ángulo de la caída. Sientes la velocidad, el agua, que cambia cada milésima de segundo. Recuerdo que volteaba a mi alrededor y veía las gotitas de agua acompañándome, cayendo conmigo. Es un chingo de adrenalina. Aterrizas más o menos a 100 km por hora.” Rafa Ortiz

Y en el 2013 Rafa conquistaría su récord mundial, con el descenso en kayak de mayor desnivel, en el río Santo Domingo, en Chiapas. Con cascadas que van de 5 a 35 metros, una tras otra, y con numerosos rápidos de alta dificultad, que pasan por toboganes y corrientes muy rápidas, el descenso es uno de los retos más difíciles a nivel mundial.

Los mejores momentos de su vida

Como en todos los deportes, ganar competencias, sumar cimas y grados de dificultad, romper récords son parte importante para mantener alta la motivación. Pero, lo que verdaderamente alimenta la pasión, son esos segundos o minutos en los que se han roto las propias barreras.

“Después de estudiar durante cuatro años una cascada, en el momento en que te avientas y sales del agua, la ves y piensas “ahuevo lo conquisté”. Ese sigue siendo el momento más cabrón de mi vida. Es algo que me motiva y me apasiona. Y es una fórmula que la puedes aplicar a cualquier cosa. Como seres humanos siempre tenemos inseguridades y, tener esa incertidumbre de que nadie ha hecho algo, es lo máximo, sobre todo si le das toda tu dedicación y finalmente lo logras. En ese momento todo cobra sentido.” Rafa Ortiz

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