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La mexicana Zelzin Aketzalli nos narra su historia en el Hayduke Trail, la caminata de 1,345km y sesenta días en el desierto.

Recordarán a Zelzin Aketzalli. Hace unos meses les platicamos sobre la caminata que la mexicana realizó el año pasado por el segundo sendero más largo de Estados Unidos, el Pacific Crest Trail, de 4,277km y parte del famoso Triple Corona de Estados Unidos -junto al Appalachian Trail -que está recorriendo actualmente-, y el Continental Divide Trail, que realizará el próximo año-.

Esta vez Aketzalli concretó exitosamente un nuevo reto recorriendo a pie los 1,345 kilómetros del Hayduke Trail durante sesenta días en el desierto. Extremadamente desafiante, la ruta une seis de los Parques Nacionales de la Meseta de Colorado en el sur de Utah y norte de Arizona.

Aquí las reflexiones que Zelzin Aketzalli nos comparte sobre esta experiencia.

Por: Zelzin Aketzalli

Terminé la Hayduke Trail el 18 de mayo. Fueron 60 días en el desierto. El Hayduke Trail es una ruta de 836 millas (1345 km) que comienza Arches National Park, Utah y culmina en Zion National Park, Utah.

Gran parte del sendero es en el Estado de Utah, pero también cruza un poco más de 200 millas del Estado de Arizona. Caminé por los parques nacionales más importantes de los dos estados, como el Arches National Park, Canyolands National Park, Capitol Reff National Park, Escalante National Park, Grand Canyon National Park, Zion National Park y por lugares donde no hay caminos trazados. Durante días no vi absolutamente a nadie y me encontré en completa soledad.

Sin duda, el Hayduke Trail es uno de los más desafiantes caminos de los Estados Unidos. Desde la primera vez que fue recorrido hasta ahora menos de 500 personas lo han logrado terminar.

¿Qué es lo que la hace tan difícil? Desde el primer día se deben escalar paredes para bajar o subir grandes rocas y cañones; la mayoría lo hace sin equipo de escalada. Llevar el mínimo peso posible es indispensable. Cargué más de 5 litros de agua y comida en muchas secciones.

En algunos lugares los pueblos quedan muy alejados; así que hay que ingeniárselas para conseguir agua y la comida durante esos trayectos.

La escasez del agua fue de lo más duro. Muchos de los ríos están contaminados por antiguas minas que se encontraban en la zona o por excremento de ganado. Llevar un buen filtro de agua fue mi salvación.

La navegación fue otro gran factor. En ocasiones tuve que seguir senderos trazados por vacas, caminar largas distancias en ríos, en cañones muy estrechos, crucé entre la maleza y me encontré cactus, nopales y hierva que lastimó e irritó mi piel.

Pero, entonces, ¿por qué realizar el Hayduke Trail? Este año decidí hacerlo porque quería poner a prueba mis habilidades como deportista y ser humano. En un principio formaría parte de mi entrenamiento del 2018 para futuras rutas que tengo programadas, pero, finalmente, se convirtió en uno de los mejores experiencias que he vivido, así como un gran reto.

El Hayduke Trail no es como cualquier otro camino, es realmente impresionante. Desde el comienzo tuve que ingeniármelas para poder suministrarme comida y agua en algunas zonas del desierto. Los inmensos cañones que crucé eran hermosos. Los paisajes se imponían ante mis ojos kilómetro tras kilómetro.

El año pasado logré completar el segundo sendero más largo del mundo, el Pacífic Crest Trail, donde la parte más difícil fue el camino de la Sierra Nevada y fue ahí donde superé mis gran temor a alturas, aprendí a utilizar crampones, piolet y a caminar y navegar en la nieve.

Pero la gran diferencia entre el Hayduke y el Pacífic Crest Trail es que tuve la gran compañía de mis amigos Corey Weeks y Kurt Conricote. Cuando el sendero se complicaba, estuvieron allí para apoyarme. Los últimos cinco días me separé de ellos porque mi vuelo estaba próximo, así que la ruta la terminé sola.

El “Thruhike”, como se le conoce a este deporte, es un gran competencia con uno mismo. Se han de superar temores en cada momento. Incluso, al final, aprendí a disfrutar de ellos. Esa es una de las grandes enseñanzas que nos da el estar en contacto directo con la naturaleza durante tanto tiempo y lejos de la zona de confort. Los miedos, pierden protagonismo.

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