La comunidad outdoors vivió un compromiso destacado ante la situación provocada por el 19S. Registrar la memoria de los hechos es una manera de continuar el aprendizaje que debemos tomar.

Ram-ses Ortíz fue una persona entre cientos de la comunidad de montaña que salieron a ayudar.

La crisis que enfrentamos en la CDMX a raíz del sismo del 19 de septiembre despertó en la mayoría de sus habitantes una imperante urgencia por brindar ayuda. Particularmente, la comunidad outdoors se activó de una forma poco común, y de inmediato hubo en la calle escaladores, corredores, montañistas, ciclistas y gente de todos los ámbitos cubriendo diferentes necesidades.

Brigadistas, cargadores y descargadores de camiones, armadores de despensas, chefs, coordinadores de apoyo a comunidades, todos nos cambiamos los títulos sin pensarlo y nos convertimos en una cadena que extendió su humanidad hasta los rincones más remotos de los estados afectados por el sismo. Algunos seguimos en ello.

Este es el caso de Ram-ses Ortíz, quien desde el primer día, y al saber que su familia y amigos se encontraban con bien, decidió colaborar en la repartición de víveres y en las labores de rescate en los edificios derrumbados.

Tras trabajar en el rescate del Colegio Enrique Rébsamen, donde pudo darse cuenta de la magnitud de los daños, se dirigió a San Gregorio Atlapulco y Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco, comunidades en las que logró acercarse a zonas de difícil acceso:

“pude ver que los centros de acopio no estaban distribuyendo la ayuda en las zonas más marginadas (que por lo mismo, fueron las más afectadas), así que me fui en bici a repartir víveres de mano en mano.”

El sábado 23 de septiembre Ram-ses comenzó a auxiliar en el derrumbe del edificio de Álvaro Obregón 286:

“una amiga que vive cerca del lugar me llamó para decirme que se necesitaba alguien con mi perfil, es decir, alguien que tuviera conocimiento sobre cuerdas, nudos, escalada en general”.

A partir de entonces comenzó su labor como líder de brigada. Sus funciones principales eran coordinar a los voluntarios y capacitarlos desde cero en el caso de que no contaran con conocimientos sobre manejo de equipo técnico. Los brigadistas se convertían en una especie de asistentes de los rescatistas israelíes, quienes estaban asignados para trabajar en el rescate de dicha zona.

“Antes de subir era obligatorio que los brigadistas pasen a control médico, donde se les aplicaron las vacunas que les hacían falta. Una vez estando arriba la comunicación era importantísima porque no se puede perder tiempo. La palabra clave para hacerle saber al de al lado que no necesitamos más apoyo es ‘gracias’. Algo que me llamó mucho la atención es que al bajar se ofrecía a los brigadistas una sesión con un psicoterapeuta o tanatólogo, ya que muchos no sabemos cómo reaccionar o cómo manejar estas situaciones donde lo más doloroso es ver familias esperando noticias de las personas atrapadas y la incertidumbre es desgastante.”

A partir del 30 de septiembre Ram-ses también ha estado fabricando muebles de madera para los damnificados en el Taller de Mobiliario de Rodrigo Ocaña en el Barrio de Santa Crucita Analco, en el centro de Xochimilco, mismos que se entregarán personalmente a zonas dañadas en la CDMX, Morelos y Puebla.

La experiencia de Ram-ses es sólo una de muchas historias por ser contadas alrededor de este evento:

“como escalador y alpinista me siento muy contento de que pude ayudar un poco. Creo que para nosotros como comunidad es inminente el prestar ayuda, ya que estamos acostumbrados a cuidarnos y cuidar de los demás. Me dio mucho gusto encontrar colegas escaladores apoyando y definitivamente a partir de este suceso hay una mejora en mi vida. Haber participado me hace sentir como una mejor persona.”

Quince días después del sismo, Ram-ses continúa participando en diferentes actividades de apoyo para que México se recupere y crezca a partir de lo vivido.

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