Hernán García, uno de los escaladores más fuertes del país, nos abre las puertas de su casa, en Cataluña, para conocer un poco de su vida.

Por: Sofía Arredondo Lambertz

Hace un par de meses viajé a Barcelona por distintas razones. Por supuesto, una de ellas es que, hoy por hoy, Cataluña es una de las capitales mundiales de la escalada deportiva y siempre resulta atractiva como destino para un amante de este deporte. 

Tuve la gran oportunidad de que Cataluña fuera mi escuela. En el 2009 llegué a vivir a Barcelona y me quedé seis años. Allí aprendí a escalar en la clásica y exigente Montserrat, hace ya unos cinco años. 

Le tengo un gran aprecio a este cálido lugar que, por donde quiera tiene roca. En Cataluña descubrí mi pasión, sus montañas me enseñaron a mover los pies, a encontrar la belleza en la sencillez. 

Fue en aquéllos años, cuando realizaba mis estudios en Barcelona, que conocí a Hernán García. Mientras aseguraba a mi cordada, en Margalef, una zona de escalada en el Montsant, llegaron tres escaladores a probar una ruta que me quedaba justo a mi izquierda. Uno de ellos, catalán, le dijo a Hernán, -“prueba esa ruta tío, seguro que te la llevas a vista”. Seguido de una serie de comentarios que, a mi parecer, resultaban bastante presuntuosos. 

Hernán, con toda la sencillez que le caracteriza, sin decir ningún comentario, se puso las gatas y le dio un pegue que a varios, en el sector, nos dejó sin aliento. Está de más mencionar el grado de la ruta, me parece que era un 5.13d, eso no importa. Verle escalar era suficiente. En silencio, con una respiración casi circular, con una delicadeza en los pies, que no emitían el más mínimo ruido, casi danzando y con una técnica que atrapaba cualquier mirada, Hernán la encadenó. 

Después lo escuché hablar. Reconocí el acento mexicano y me acerqué a platicar con él. No era usual que me encontrara con mexicanos tan fuertes y, en ese entonces yo escalaba mucho, de jueves a domingo, siempre en diferentes spots.

Ese fue el único día que vi a Hernán. Años después, en Jilotepec, en México, me lo volví a encontrar. Ahora probando “Lujuria”, el único 5.14d encadenado hasta la fecha en el país. 

Cuando volví a Barcelona hace unos meses, quise buscar a Hernán. Quise conocerlo en Cataluña, quise vivir un día de su vida en Sabadell, un pequeño y tranquilo pueblo cercano a la capital donde radica, con su esposa, desde hace cuatro años. Así como ir a La Panxa del Bou, el lugar donde trabaja como armador y entrenador.

En lo personal, tenía la ilusión de ver de qué manera Hernán vivía este deporte en Cataluña y qué tanto se parecía a la que había sido mi propia experiencia en España. En lo general, quería capturar, en una entrevista, la gran persona y el extraordinario escalador que es.

Hernán García es uno de los escaladores más fuertes de México. Fue el segundo escalador en conseguir encadenar un 5.14d/9a en la historia de este deporte en el país, con “Fuck the System” en la mítica escuela de Santa Linya, en Cataluña. 

Posee en su lista de encadenes un buen número de 5.14s y cuenta con 5.13c/8a+ a vista, y 5.13d/8b al flash. Es un atleta cien por ciento entregado a su deporte (aún cuando no cuenta con ningún tipo de patrocinio) pero, sobre todo, es de esos escaladores que viven con tanta pasión su práctica, que sus ojos brillan cuando escalan pero, también, cuando platican sobre la escalada. 

Y, en esta ocasión, Freeman fue hasta la puerta de su trabajo, y de su casa, para entrevistarlo y conocer un poco más de cerca cómo es su vida del otro lado del atlántico. Te dejamos aquí un poco de lo que descubrí.

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