Reflexiones de la escaladora Fernanda Rodríguez: ganar los 70km de la Carrera de Montaña Cañón Mariposas, un reto más que logra alcanzar.

Fernanda Rodríguez, reconocida como una de las mejores escaladoras de México, primera en escalar 5.14a en deportiva y V10 en bloque, continúa superando sus límites y traspasando fronteras.

“Fery”, como se le conoce de cariño en la comunidad escaladora, compitió por primera vez en una distancia de 70km, en la Carrera de Montaña Cañón Mariposas.

El pasado 11 de noviembre, Fery cruzó la línea de salida con el claro objetivo de hacer su mejor papel en un ultra de montaña, y lo logró. Llegó primera en su categoría femenil de los 70km con un tiempo de 11:15:00, nada más y nada menos que el récord femenil en dicha carrera.

Por: Fernanda Rodríguez

“El dolor es inevitable; pero el sufrimiento es opcional”.

Buda

Desde que me mudé a Monterrey hace ya ocho años, mi pasión por la escalada fue en aumento, vi claro el camino.

En mis primeros años de escalada solía hacer puro boulder, pocos movimientos y fuerza máxima; así que, cuando cambié mi enfoque a ruta pude notar de inmediato que no tenía resistencia, no sabía respirar y me faltaba mucha lectura más allá de los siete metros de altura.

Mi hermana Andrea, también escaladora, solía ir a correr como parte de su rutina de entrenamiento y de vez en cuando yo iba con ella. ¡Era tan tedioso ir detrás! Recuerdo que ella daba dos o tres vueltas a un corto pero cansado circuito de 3 kilómetros aproximadamente, mientras que yo tenía suficiente con una. A mi me pasaba de todo, calor, sed y dolor en las rodillas; además seguir su ritmo me costaba mucho.

En comparación, con mi hermana, ella siempre obtenía mejores resultados que yo en ruta, pensé entonces que correr hacia la diferencia entre los resultados que ella obtenía y los míos.

¿Acaso correr fue la pieza que yo necesitaba para mejorar mi rendimiento? Sí, eso fue.

Me gusta correr a primera hora del día porque me permite ver el amanecer, respirar aire puro y aclarar mi mente.

Viviendo ya en Monterrey rodeada de montañas y nuevos amigos, llegaron a mi vida nuevos hábitos, y uno de ellos fue correr. Carlos me llevó a mis primeras caminatas. Recuerdo que fuimos juntos por primera vez al Iztaccíhuatl en el 2012, nunca olvidaré esa sensación de estar en la cima de una montaña, un instante que cautivó mi espíritu.

A partir de ese viaje me propuse ir todos los días que me fuera posible a correr o caminar en montaña. Esto se convirtió poco a poco en rutina, un complemento para mis entrenamientos enfocados en escalar mejor.

En el 2016 conocí a la familia Kamargs (corredores de Ultra distancia). Entrenar a su nivel era muy duro para mi, por lo cual decidí continuar a mi ritmo y bajo mi enfoque (entrenar para escalar mejor), mientras algunos de ellos se estaban preparando para sus próximos retos de ultra distancia, la Carrera Mariposas y el UTMX 2016.

Por desgracia (pero para mi fortuna) dos integrantes el equipo Kamargs Sheryl Rizzo y Hristo Yornavo no asistirían a la carrera, por lo cual, pusieron en venta sus números para los 50k. Pensé: es mi oportunidad. El único detalle era que yo no corría más de 10km y la Carrera Mariposas estaba a menos de un mes.

Seguí las instrucciones de la familia Kamargs y me preparé. Logré hacer un tiempo de 6:14min en los 50km, terminando en el tercer lugar de mi categoría, en 2016.

Después de esa carrera, a finales del mismo año, me motivé a tope y me inscribí al Aerothlon. Estaba preparada, pero a uno cuantos días de la competencia tuve un accidente y me esguincé la mano derecha y me lastimé las lumbares. El 2017 estuve fuera del deporte por unos nueve meses. Después regresé más motivada que nunca.

Este 2018 tenía claro que volvería a escalar por lo menos mi grado máximo y además, repetiría la carrera, esta vez con la idea de mejorar mi tiempo en los 50km.

Obtuve una cortesía para participar y dije: conspiración cósmica a mi favor. Cuando mandaron la confirmación y cierre de registro, yo estaba en la lista de los 70km (ultra distancia que no pretendía correr). Entonces pensé: es mi oportunidad, ¿por qué no? No tengo nada que perder y sí mucho que ganar, puedo mejorar mi récord personal y además, seguir corriendo y explorar.

Carrera Cañón Mariposas tiene una excelente organización y proporciona la confianza necesaria a los competidores para poder conocer las montañas de manera segura.

Vi esta carrera como una oportunidad para recorrer los paisajes del lugar lleno de rocas, arroyos secos, así como perseguir esa sensación de cruzar un portal a otra dimensión al llegar a la meta. Estaba lista para cruzar de nuevo la línea.

En el kilómetro 15 sentí un ligero dolor en la rodilla izquierda, después en la derecha y pensé: voy a abandonar llegando al próximo abasto; pero en ese momento me di cuenta que comenzaba la lucha mental prematura, era muy pronto para pensar en abandonar, yo iba por los 70km.

Entonces comencé a medirme, y recordar porqué estaba allí.

La ruta es técnica, con subidas y bajadas muy empinadas, altos acantilados y arroyos secos con rocas que tienes que rodear o brincar, donde es preferible caminar con cuidado. Totalmente divertida, nunca te cansa pues constantemente cambias de escenarios.

Esta carrera me hizo reflexionar lo que alguna vez leí, “el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

Entonces paré en seco la fuente de mi sufrimiento y enfoqué mi atención en mis objetivos: disfrutar de mi paseo por las montañas, evitar lesiones y llegar entera a la meta, no más.

Cuando me di cuenta que tenía oportunidad para ganar el primer lugar, confieso, apreté la máquina ¡a muerte! La adrenalina se elevó al mil, pero a partir de allí los kilómetros duraban más tiempo.

Recordé a mi hermano Kike y lo mucho que disfrutábamos jugando carreritas para llegar primero a la tienda. Sentí su compañía, me invadió la nostalgia, me llené de energía y corrí y corrí como en aquellos tiempos cuando éramos niños.

Esta vez llegaríamos juntos a la meta.

La carrera se la dediqué de principio a fin a mi hermano, quien ya partió, corrió mas rápido y terminó la carrera de la vida.

Mi pregunta es, ¿qué voy hacer con lo aprendido en la montaña? Las carreras, como las rutas, no terminan en la meta o el top, siguen en cada paso que damos. Y pienso, no existen las fronteras. 

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