Reflexiones en torno al mito de ser “el primero” en lograr objetivos. ¿Por qué nos gustaría ser los primeros? Abriendo huellas.

Dentro de los grandes regalos que nos brinda la montaña y la naturaleza está el poder conseguir siempre nuevos objetivos deportivos, mentales y espirituales.

El abanico de oportunidades para “abrir caminos” nunca antes andados es grande, tan grande como las montañas mismas.

Romper récords, subir a pódios, escalar paredes por las que nadie ha pasado antes, ascender montañas que parecían imposibles para el ser humano, llegar a lugares inexplorados, descubrir nuevos horizontes, han sido a lo largo del tiempo, y en términos generales, el motor que ha impulsado los deportes outdoors que tanto amamos.

Hoy en día hemos logrado, en cada rincón del planeta, realizar hazañas que a su vez han inspirado a cientos de personas a salir en busca de nuevas aventuras. Porque en el fondo es así, la inspiración es nuestro impulso, nuestra fuente de vida.

Pero ese mismo impulso, puede invertir los valores. ¿Salimos en busca de nuevas aventuras simplemente por llevar el título de “primero en realizar algo”, o más bien, es el deseo mismo de estar ahí, bajo situaciones de vulnerabilidad en las que hemos de crear nuestra propia estrategia lo que nos atrae y que, casi sin querer, nos lleva a marcar huella?

¿Son las metas outdoors que nos proponemos un medio o un fin? Si son un medio, entonces las “usamos” como un puente para obtener otra cosa a cambio (reconocimiento, salud, fama, empleo, etc.). Si son un fin en sí mismas, lo que valoramos no es tanto el provecho que sacaremos a posteriori de ellas, sino la vivencia misma, el estar ahí, sumergidos en la experiencia. O también, por qué no, una combinación de ambas.

¿Te has preguntado, alguna vez, qué es lo que realmente te llama o apasiona de escalar o ascender algo nuevo?

El mito de ser “el primero”

Una de las definiciones de mito que da la Real Academia Española es la siguiente,

“Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.”

¿Qué sucede cuando una persona afirma ser “el primero” en haber logrado algo? Tenemos dos opciones:

Cuando es verdadero: la persona marca la historia de los límites que se tenían considerados en el deporte que realiza. Por ende, inspira a más personas a llevar más lejos sus límites. El deporte evoluciona.

Cuando no es cierto, es decir, cuando es un mito: probablemente siente una satisfacción psicológica derivada del reconocimiento de los otros, pero bajo el engaño. El deporte no evoluciona.

El reconocimiento es una necesidad psicológica fundamental en el ser humano. No es necesariamente una cuestión de orgullo, egolatría o inmadurez, sino aquello que alimenta nuestra autoestima.

Nuestros padres, familiares y amigos son el primer círculo social que nos brindan reconocimiento. La falta de éste suprime el entusiasmo y la iniciativa.

Las necesidades humanas

Pero, ¿qué tan importante es el reconocimiento y hasta qué punto se convierte en algo central cuando ascendemos montañas?

El psicólogo humanista estadounidense Abraham Maslow desarrolló la famosa “Pirámide de las necesidades”, un modelo que plantea una jerarquía de las necesidades humanas en la que, la satisfacción de las más básicas posibilita la satisfacción de otras más altas.

De J. Finkelstein, traducido por Mikel Salazar González en: https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2696674

Se trata de una escalera hacia la autorrealización y, por supuesto, esto no es estrictamente aplicable a toda cultura y sociedad (además, fue escrita en 1943). Pero es un ejercicio que nos permitirá analizar “el mito de ser el primero”.

En este sentido, si por ejemplo tenemos satisfechas las necesidades fisiológicas, de seguridad y de afiliación, entonces podemos aspirar a satisfacer las necesidades de reconocimiento y autorrealización.

En el caso de las actividades y deportes outdoors, éstos cumplirían, a nivel físico, las necesidades de seguridad (seguridad física). Pero, cuando el objetivo de su práctica es obtener reconocimiento y autorrealización, de acuerdo a Maslow, ocuparían la parte superior de la pirámide.

La Pirámide de Maslow invertida

Ahora bien, ¿puede darse el caso de que la Pirámide de Maslow se invierta, y las necesidades más altas pasen a ser las más básicas?

¿A caso, no sucede esto de manera frecuente? El poeta, querrá satisfacer su espíritu creativo antes que el alimento. El ermitaño, se alejará del reconocimiento de la sociedad sin padecerlo. El montañista, sacrificará la seguridad en su determinación por realizar una cumbre.

Por otra parte, cuando el medio en el que nos desarrollamos posee un fuerte ingrediente de competitividad (económico, social y cultural), entonces, las necesidades aparentemente menos básicas pasan a ser las primarias y, por ende, urgentes: la autorrealización y el reconocimiento por parte del otro.

Por ejemplo, si en nuestra sociedad la autorrealización y el reconocimiento nos brindan empleo, alimento, propiedad privada y seguridad física, entonces, naturalmente, tenderemos a satisfacer primero la parte más alta de la Pirámide. ¿No es este el caso de algunos influencers y personalidades públicas?

Finalmente, las personas pueden sentir una mezcla de necesidades de distintos niveles al mismo tiempo, y puede variar su intensidad.

El mito de ser el primero, en la comunidad outdoors

Si leemos la historia del montañismo, la escalada y demás deportes outdoors nos encontraremos recurrentemente las siguientes afirmaciones: “Primer hombre en correr x trail”… “primera mujer en escalar en x lugar”, “primer grupo en llegar a x lugar”… “primera persona en recorrer x kilómetros”… Así se ha marcado la historia.

¿Por qué dentro de la comunidad outdoors se da frecuentemente el caso en que los deportistas afirman ser “los primeros” en haber logrado una hazaña?

Cuando es verdad: porque hay una plena autorrealización y se busca el reconocimiento de los otros por haber logrado tal objetivo.

Cuando es un mito: porque la autorrealización está basada en una falsa notoriedad de éxito y consecución. Es decir, porque creemos que aquello que obtendremos a cambio por decir “somos los primeros” satisfacerá nuestras necesidades.

Sin duda, el nivel de competitividad y las posibilidades de “vivir del montañismo” han propiciado, indirectamente, que las necesidades se inviertan. El problema está cuando el éxito lo basamos únicamente en el factor laboral y económico (por ejemplo, cuando la práctica de montañismo es reducida a una estrategia de marketing), obviando el personal y social.

Es decir, “ser el primero” en lograr los objetivos y hazañas del montañismo, en ocasiones se sitúa no sólo como una necesidad personal de autorrealización, sino como requisitos incuestionables para poder satisfacer otras necesidades básicas: como el empleo, alimento, casa.

Sin embargo, esto no es una generalización. Cada día nos enteramos de grandes noticias dentro del mundo del montañismo en el que la autorrealización de una persona que ha abierto los límites dentro del deporte y de lo que se considera posible, va acorde a una escala de valores sociales, personales y emocionales, antes que económicas y laborales. O, por qué no, también por una combinación de todas ellas.

Finalmente, el montañista y amante de la aventura más que caer en la tentación del mito de “ser el primero”, posee como alimento básico el abrir horizontes, hacer camino, y no tanto esperar un resultado económico, social o laboral. Es decir, “por amor al arte”.

Con esto no queremos decir que “vivir de nuestra pasión”, esto es, satisfacer con ella nuestras necesidades (básicas y no básicas), sea algo incorrecto o éticamente malo. Al contrario, es un excelente camino para construir sociedades más felices.

La cuestión es, ¿hasta qué punto realmente “somos los primeros” en algo? ¿hasta qué punto es indispensable afirmar que “somos los primeros” en haber logrado algo, para poder vivir haciendo lo que amamos?

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