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Con permiso de traducción y publicación del autor, Bradley Allf. Original en inglés publicado primero por Climbing Magazine.

El uso de magnesia en la escalada tiene un impacto ambiental importante. El escritor Bradley Allf nos explica paso a paso el lado oscuro de su producción.

Por: Bradley Allf

El padre de la escalada moderna en bloque (reconocido así en Estados Unidos), John Gill, quien inició en su práctica en Georgia Tech en 1954, no sabía que su inscripción en una clase de gimnasia lo llevaría a descubrir una gran novedad para la escalada: el uso de la magnesia. “Resulté ser muy bueno en la escalada con cuerda, pero tienes que ponerte magnesia antes de comenzar”, recuerda Gill, “Y pensé: ‘Bueno, si te pones magnesia para hacer gimnasia, también podrías ponerte para escalar”.

Ese otoño, Gill usó magnesia para escalar en la Stone Mountain, Georgia, así como en las expediciones nocturnas para practicar bloque alrededor de Georgia Tech. Recuerda Gill: “Nos escapábamos del dormitorio, recorríamos el campus y escalábamos los edificios, tomando una cuerda con nosotros. Yo solía ponerme un poco de magnesia en mis dedos antes de escalar… Estoy seguro de que dejamos algunas huellas de manos en la pared”. Cuando Gill amplió su repertorio de escalada e incluyó el Cloudland Canyon, Georgia y más tarde los Tetons, continuó usando magnesia y mostró a otros cómo usarla.

Una década después la gente estaba marcando las paredes de roca alrededor de todo el mundo.

Ahora Gil tiene 80 años, vive en Pueblo, Colorado, y todavía tiene un bloque de magnesia en su habitación. No lo ha usado desde que dejó de escalar hace más de una década, pero para Gill el bloque representa una vida de recuerdos. Gill comenzó a escalar en la secundaria en Atlanta, lejos de las florecientes comunidades de escalada que se podían encontrar en el oeste. Tal vez como resultado de este aislamiento, encontró su propia trayectoria practicando bloque como un deporte en sí mismo y entrenándose intensamente para realizar hazañas de fuerza, técnica y movimientos dinámicos en la roca cuando, en realidad, nadie más estaba haciendo eso. Sin duda, usar magnesia fue uno de los aspectos claves de su arte.

Pero lo que Gill utilizó no era en realidad una magnesia ordinaria: era un compuesto desecante llamado Carbonato de Magnesio que, dice Michael Silver, escalador y CEO de la compañía de materiales de alta tecnología American Elements, también es un abrasivo: “Mantiene las manos secas y mejora el agarre por su capacidad de crear cierta fricción entre la persona y la roca”. De hecho, su eficiencia se puede comparar al usar yeso (pizarra) común, es decir Sulfato de Calcio, que simplemente te colorearía las manos de color blanco; entre ambos se vería rápidamente la diferencia.

Ahora bien, la ciencia está lejos de resolver su verdadera eficacia; por el contrario, algunos estudios muestran que aplicar magnesia en realidad reduce la fricción al crear una capa lubricante entre la piel y la roca – por ejemplo, ver: “Uso de tiza en la escalada en roca: ¿sine qua non o mito?” en el Journal of Sports Sciences; y para la afirmación opuesta ver “El efecto del carbonato de magnesio (magnesia) en la entropía geométrica, fuerza y resistencia durante la escalada” en el Journal of Applied Biomechanics, estudio que sostiene que la magnesia sí aporta beneficios-.

No obstante lo anterior, eso no ha impedido que la magnesia se convierta en un gran negocio en el mundo de la escalada. Hoy en día, hay más de 20 compañías vendiendo este producto, cada una impulsando su propio lema. Hay magnesia gruesa, en polvo, líquida, de colores, incluso “herbal” hecha con mentol.

 

No obstante, el fundador de la Patagonia, Yvon Chouinard, ha evitado la magnesia durante mucho tiempo, así como también el pionero de la escalada libre de Colorado, Jim Erickson. Hubo incluso un grupo de británicos en la década de los 70’s conocido como la “Banda de manos limpias”, que incluía a Steve Findlay y Pat Littlejohn, quienes rechazaron la magnesia.

Pero, en general, hoy en día la imagen del deporte es la de escaladores con las manos cubiertas de magnesia. Y por una buena razón: Gill dice que sinceramente duda de que su especialización en el deporte, así como la capacidad de realizar movimientos dinámicos hayan sido posibles de desarrollar sin magnesia. Es posible que otros avances en el deporte también dependan de la magnesia ¿se podrá escalar un 5.15 sin ella?

Pero, lo que resulta aún más increíble es que sabemos muy poco sobre el polvo blanco. Así pues ¿de dónde viene el carbonato de magnesio?  Actualmente, “el cien por ciento del carbonato de magnesio que se vende para la escalada proviene de la minería”, dice Brian Kelleghan, propietario de Bison Designs e inventor de Bison Chalk Ball.

La magnesia, también conocida como tiza, proviene de un mineral llamado magnesita, que se encuentra en depósitos subterráneos en todo el mundo. Es blanquecino o claro, tan duro como una moneda, y lo suficientemente poroso como para pegarse a cualquier superficie. El mineral tiene otras aplicaciones además del deportivo, desde revestir hornos de acero hasta para hacer laxantes. “El magnesio es un producto enorme, y nuestra industria forma parte de eso… pero en una pequeña cantidad”, dice David Lawrence, propietario de Joshua Tree Skin Care.

Las reservas mundiales de magnesita no renovable ascienden a alrededor de 12 mil millones de toneladas, lo que significa que habrá por cientos de años más. La magnesita está compuesta principalmente de carbonato de magnesio, pero también tiene otras sustancias. Para hacer magnesia para escalar o para laxantes, se deben eliminar esas impurezas.

“No es tan complicado”, afirma Silver, quien posee una empresa de materiales para crear sistemas ópticos con láser. Si la gente tuviera a la mano Magnesita, probablemente podría preparar magnesia en casa. A través de una serie de baños en ácido clorhídrico y bicarbonato de sodio, los diversos componentes químicos de la Magnesita se filtran hasta que queda una pasta húmeda de Carbonato de Magnesio puro que se asienta en cualquier cubeta con agua salada. La pasta se pasa luego por un filtro de prensa, una máquina gigante tipo acordeón que la comprime para escurrir y quitarle el agua. Luego, la pasta se calienta en un horno y se aplasta. “Una vez que llegas a un bueno y fino polvo, tienes el material empacable; puedes tomarlo y ponerlo en una máquina de embalaje y producir bloques”, dice Silver. Esos bloques se envían a proveedores, quienes pueden agregar su propio toque especial: Joshua Tree Skin Care, por ejemplo, agrega aceites esenciales, mientras Metolius agrega un “agente de secado” patentado, y lo distribuyen en todo el mundo.

“Podrías escalar fácilmente una montaña que contiene la misma cantidad de magnesia que ahora estás usando en tus manos”, dice Silver. Es paradójico, “La magnesia proviene del mismo lugar de la naturaleza del cual obtenemos el placer de escalar. Es genial”. Pero esa no es toda la historia. De hecho, este es sólo el final del proceso.

“Puedes buscarlo en Wikipedia, supongo”, afirma Gill riéndose cuando le pregunto si sabe de dónde viene el Carbonato de Magnesio. Pero no, no hay ninguna página en Wikipedia. De hecho, hay muy poca información sobre de dónde obtiene la industria este material.

Algunas compañías, como Petzl, afirman que la información es de propiedad exclusiva, mientras que otras, como FrictionLabs y Rogue Fitness, afirman, respectivamente, que su tiza proviene de “todo el mundo” y “del extranjero”. Sin embargo, marcas como Black Diamond, Metolius, y Joshua Tree Skin Care dicen que obtienen su magnesia de China, principalmente del noreste de ese país. Kelleghan obtiene la magnesia Bison de una planta en Taiwán. Según Matthew Hulet de Evolv Sports, marca que además de los zapatos también vende magnesia, la mayoría de la magnesia en el mercado proviene de un puñado de proveedores en China.

De hecho, China produce el 70 por ciento de la Magnesita del mundo. La mayor parte de esa producción, tanto minera como de procesamiento, se concentra en un pequeño rincón de Liaoning, una provincia industrial montañosa en el noreste de China, entre Beijing y Corea del Norte. Aquí, una gran cantidad de fábricas invaden el paisaje y las ciudades carecen del brillo artificial de las grandes metrópolis del oeste y el sur. Sin embargo, de alguna manera, un mineral blanco de esta región ha encontrado su camino en las paredes de todo el mundo.

Un puñado de compañías de minería y procesamiento, como la “Compañía de Magnesita Liaoning de Importación y Exportación Metalúrgica de China”, producen en Liaoning la magnesia. Kilómetros arriba y abajo recorren manchas blancas, a través de montañas y colinas que rodean ciudades como Haicheng, en el sureste de Liaoning, dando la apariencia de una estación de esquí -de hecho, si la zona se busca en Google Maps puede apreciarse la mancha blanca-. Pero no es nieve, es polvo de Carbonato de Magnesio, resultado tanto del proceso de minería como de la deficiente filtración de partículas en el aire durante el proceso de calcinación y calentamiento.

“Hace tres o cuatro años hubo una protesta en Haicheng sobre la contaminación de las plantas de magnesita”, dice Tianyi Zhang, una estudiante de la Universidad de Nueva York que creció cerca de la región minera. “Algunas plantas fueron construidas justo al lado del área residencial suburbana de Haicheng. Los residentes se quejaron del terrible olor a gases de magnesita”. Pero el mayor problema con las minas es el polvo. “Una vez que el polvo dañino cae al suelo, se acumula y forma una cáscara dura”, dice Zhang; esto sucede cuando la corteza de polvo de magnesia se ha aglutinado con hidromagnesita, es decir, con aquélla que ha estado expuesto al agua. Y ese polvo tiene un gran impacto en el medio ambiente y en la gente local.

De-Hui Zeng, un ecologista de la Academia de Ciencias de China en Liaoning, ha pasado años catalogando los impactos ambientales de las plantas de magnesita de su provincia. Sus estudios de la tierra que rodea las minas y las fábricas muestran que la extracción de magnesita produce la muerte de la vegetación a gran escala, la degradación del suelo y una actividad microbiana reducida. Debido a lo que Zeng llama “técnicas subdesarrolladas”, el polvo “se acumula y vuela hacia las plantas y el suelo, lo que destruye directamente la fotosíntesis y la respiración de las plantas, y da como resultado propiedades fisicoquímicas del suelo extremadamente empeoradas”.

Como escribió Zeng en un artículo de investigación en el 2011, “la recuperación de las tierras en dichas áreas mineras se ha convertido en un gran desafío para la gestión ambiental y la restauración ecológica”. Las medidas tomadas hasta ahora no han tenido éxito: las tasas de supervivencia de las plantaciones de árboles son pobres, y el rendimiento de los pocos cultivos que sobreviven es muy bajo”.

Pero no todas son malas noticias. Si bien a menudo China tiene una mala reputación por sus laxas reglamentaciones ambientales, el país está trabajando para limitar la contaminación. “Ahora tenemos un plan operativo en China, mientras que un tiempo atrás, en la década de 1990, prácticamente no había ninguna restricción ambiental”, dice Silver. “Pero China se ha vuelto más estricta. No hay dudas al respecto”.

En 2017, el gobierno de China cerró docenas de plantas de magnesita por violar las regulaciones ambientales como parte de una campaña multimillonaria para frenar la contaminación del aire, y las compañías mineras están implementando soluciones, como la instalación de mejores sistemas de filtración de aire. “Parece una locura, pero tengo serias dudas sobre si realmente la EPA (por sus siglas en inglés, Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) haría más que China para regular la nueva minería”, dice Charles Harvey, un escalador y científico ambiental del MIT (por sus siglas en inglés, Instituto de Tecnología de Massachusetts).

Y la magnesia no es el único tipo de material que tiene un costo ambiental. Desde el aluminio en nuestras anillas hasta el caucho en nuestros zapatos, todo lo que utilizamos proviene de alguna fuente de materias primas. Todos los productos provienen de algún lugar, y es probable que en algún lugar hayan creado un impacto ambiental.

Entonces, ¿se puede ser un escalador ecológico? “Por mucho que queramos ser respetuosos con el medio ambiente, es verdaderamente un reto difícil”, dice Kelleghan. Pero hay ciertas lecciones que se pueden extraer de la comprensión de dónde proviene la magnesia. Para empezar, ser conscientes de que las elecciones que hacemos sobre lo que compramos tienen impactos específicos. Lo que me sorprendió al investigar esta historia no fue sólo de dónde proviene la magnesia; fue el hecho de que algunos proveedores de magnesia tampoco parecían saberlo.

A medida que crece la distancia entre la extracción del material hasta la compra del consumidor, es más importante que los proveedores aprendan de dónde provienen sus productos y compartan esa información con sus clientes.

Asimismo, es necesario que como consumidores preocupados por cuestiones ecológicas nos interesemos por la procedencia y el proceso de producción de las cosas que necesitamos para escalar. Además, cuanto menos consumamos está claro que menos impacto generaremos. Finalmente, dejar la menor huella en nuestro paso por la montaña es indispensable, así pues, una opción significativa es siempre limpiar todas las marcas de magnesia que dejamos en la roca.

Esto no tiene por qué ser malo para los negocios. La escalada siempre ha estado ligada a la ética ambiental, pero si los escaladores quieren expandir esa ética más allá de no pisotear las plantas al pie de una ruta, entonces, exigir un mensaje de transparencia sobre nuestro equipo es un buen punto para comenzar a hacer un cambio.

La próxima vez que te pongas magnesia en las manos o que marques una roca piensa en el impacto ambiental -y no sólo visual- que tendrá. Hay un costo, una repercusión y una vida entera en un simple bloque de magnesia. 

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