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Hay peligros objetivos y subjetivos al escalar en roca. Diferenciarlos y aprenderlos nos permitirá una escalada más segura y divertida.

Por Blog de Escalada.

Todo escalador siente miedo al escalar una vía. Eso es un hecho. Pero esta realidad de ninguna manera debe ser motivo para sentir vergüenza. Obviamente que la “cantidad” de miedo y sentimientos de pavor y pánico, varían de un atleta a otro. Cuanto más dedicado sea el entrenamiento, especialmente si es en escalada a vista, además de ganar concentración, se aprende a controlar esos impulsos que quieren convencernos de desistir en una vía.

El temor a que los accidentes ocurran, o vuelven a suceder, genera que el practicante esté más propenso a evitar algunas situaciones. Sin embargo, incluso con miedo o traumas, no hay que dejar de escalar. Por eso es fundamental que el escalador sepa identificar los peligros existentes, así como diferenciarlos entre los que son objetivos y que hay que vigilar siempre, y los subjetivos, que se pueden trabajar y superar.

Peligros subjetivos

Los peligros subjetivos son previsibles y, por lo tanto, evitables. Dependen enteramente del factor técnico de la actividad que está siendo ejercida y, obviamente, de nuestra actitud y responsabilidad que tomamos ante ella.

Estos riesgos son fácilmente neutralizados y controlados por una serie de medidas que están a nuestro alcance y que han de ser tomadas antes, durante y después de la actividad. Pero, ¿cuáles son esas medidas que podremos llevar a cabo para minimizar los peligros subjetivos?

  • Utilizar equipo adecuado: no improvisar o apostar que todavía funciona uno que debería ser jubilado; revisa constantemente tu equipo y reemplázalo cuando sea necesario.
  • Planificación adecuada de la escalada: a qué hora iniciar, cuánto durará y cuándo debería finalizar.
  • Previa preparación física apropiada para el desafío: no es bueno subestimarse, pero tampoco lo contrario. Trata de ser objetivo contigo mismo, para identificar cuáles son tus verdaderas capacidades.
  • Conocimiento técnico previo: tanto en los procedimientos como en el manejo de equipo. 
  • Racionalidad y lucidez: en la toma de decisiones y resolución de problemas.
  • Capacidad de comunicación e interpretación de lenguaje corporal: sobre todo con tu cordada; pon atención en cómo se expresa en la roca y lo mismo a la inversa.
  • Dominio de las emociones para reflexionar y solucionar asuntos o aclarar problemas: muchas veces dejamos que nuestras emociones nos controlen. Una de las grandes ventajas de la escalada es que, para progresar, debemos aprender a controlar lo que sentimos y a medir qué tan racional son nuestras emociones, así como qué tanto nos sirven.

Estos factores nos permitirán “estar preparados” para disfrutar la escalada de una forma segura. Algo que, además, podremos trasladar a cualquier situación de nuestra vida cotidiana.

Es fácil identificar cuando un escalador no está preparado para la actividad si éste se preocupa más por evadir la reflexión en torno a un eventual accidente, que efectivamente entender lo que ocurrió. Un buen escalador no se mide tanto por el grado de dificultad de la vía que escala, sino por su habilidad para hacer una evaluación técnica (material y su uso) y mental de manera correcta, en la cual prevalece el sentido común.

Cuanto menos preparado esté el escalador, será más probable que ocurra un accidente. Uno de los hechos más curiosos acerca del peligro subjetivo, además de ser inmensurable y perceptible, es que cuanto menos confianza (cuanto menos “se confíe”) tiene el individuo que está preparado, más seguro escalará. Cuando sucede lo contrario, generalmente el escalador pierde la habilidad de reconocer los propios errores y debilidades.

Peligros objetivos

Los peligros objetivos son menos previsibles, por lo que, irónicamente, tenemos menos posibilidad de evitarlos. En la naturaleza existen fuerzas, o circunstancias, imponderables (que no se puede medir) y fuera del control humano. Sus manifestaciones pueden ser en forma de lluvia, tormenta, desprendimiento de piedras, avalancha, picaduras de serpiente o mordidas de otros animales, entre otros.

Todas las ocasiones descritas están más allá del control y planificación humana. Sin embargo, muchas veces es posible controlar y minimizar este riesgo a partir de la prevención. Es decir, mediante la suspensión o cambio de nuestros planes si hay una previsión del tiempo desfavorable, época de presencia de ciertas especies peligrosas en la zona, llevar un botiquín, etc.

Enfrentando el peligro

Filosóficamente hablando, vivir es enfrentar riesgos todos los días. La capacidad de aceptar esta realidad, además de que nos permite no ser paranoicos al respecto, nos ofrece alcanzar mayores éxitos y aventuras.

Para llevar a cabo cualquier actividad, tenemos que aceptar la probabilidad de que, eventualmente, podemos sufrir algún daño -una raspadura, una torcedura, la picadura de una abeja-. Ahora bien, nuestro propio control mental sobre esta probabilidad, nos alejará o acercará al peligro racional o irracionalmente.

Es decir, es la actitud y la responsabilidad la que nos permitirá acercarnos al peligro de forma controlada y lo más segura posible. Los riesgos subjetivos, en cambio, nos acercarán al peligro de forma insegura y temerosa. Lo mejor es siempre pensar que no todo está bajo control.

El que cree que posee toda la “experiencia” y  el conocimiento para practicar algo, generalmente no tiene la capacidad para reconocer su falta de habilidad e incompetencia, así como ver las habilidades genuinas en otras personas. 

La seguridad es una acción permanente que debe implementar el escalador todo el tiempo, y no sólo cuando “cree” que podría pasar algo. 

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