fbpx
Lysette Taplin es de Southampton, Inglaterra. Lleva más de ocho años viviendo en México y disfrutando de sus hermosos paisajes. Es editora en Cambridge University Press. Vive en la Ciudad de México, pero los fines de semana viaja a Mineral de Chico para entrenar. Su objetivo es seguir mejorando en el trail para poder competir en los 100K de UTMX en octubre, además de pasar más tiempos mágicos en la montaña.

Lysette Taplin, oriunda de Inglaterra, prueba los 40K del Desafío de las Nubes, su primera carrera de esa distancia y de trail, y los gana.

Por:  Lysette Taplin

Hace unos días gané el primer lugar femenil en la carrera de 40K en Desafió en las Nubes organizado por Marcos Ferro y el Staff de UTMX.

Esta fue mi primera carrera de Trail, y la distancia más larga que he corrido en mi vida; había competido antes en medio maratones como el de la Ciudad de México, el de Querétaro y el de Cardiff en Gales.

Aunque apenas estoy incursionando en el mundo de trail running, siempre me ha llamado el bosque y los deportes. Crecí en un pueblo en las afueras de Southampton donde el bosque era mi patio trasero.

Mis mejores momentos siempre fueron acampando en la naturaleza, haciendo picnic en familia mientras jugábamos Rounders (un juego parecido al baseball), o escapando de la ciudad en las rutas de bici.

Desde que nací tengo vitíligo en mis piernas. Mi mamá siempre me decía que esas marcas son como las de un leopardo, y que por eso iba a poder correr muy rápido. Siempre le creí, y creo que esa es fue una de las razones que me inspiraron a correr.

Pero correr no ha sido el único deporte que he practicado. Desde pequeña soy como un pez en el agua. En el 2015 realicé mi primera competencia de natación en aguas abiertas, cruzando desde Playa Caracol en Cancún, hasta Isla Mujeres. El cruce fue de 10K, y quedé en sexto lugar, nada mal. 

Mi desafío en las nubes

Recuerdo que en la mañana estaba muy nerviosa porque nunca había corrido tantos kilómetros. Además, había estado siguiendo las conversaciones en Facebook, donde la gente decía que realmente sí iba a ser un desafío y que era una ruta muy técnica.
En la página oficial del evento mencionaba que había una parte de 12K de pura subida. Bueno, estaba en la salida y observaba a todos. Me sentí nerviosa, pero también muy emocionada.
Los primeros 20Km los corrí a lado de Abdalá, mi pareja, quien me motivó mucho. Recuerdo que iba en tercer lugar, y él iba detrás de mí; volteaba a verme con una sonrisa, diciendo “¡vamos, tú puedes puedes estar en segundo lugar, ánimo!”.
Logré rebasar a la primera chica y seguimos con nuestro paso. Más adelante, en una bajada, me caí sobre una roca. ¡Dolía horrible! Me pegué en el coxis y sentí el dolor por todo mi cuerpo. Afortunadamente sólo fue el shock del momento, continué corriendo y se ma pasó.
Más adelante comencé a ir un poco más lento en las bajadas. Abdalá me decía, “no tengas miedo! déjate flotar”. Fue en una bajada, más o menos en el kilómetro 17, que vimos a la chica que iba a primer lugar. Los dos nos emocionamos. Pronto la rebasé.
Llegué al abasto del kilómetro 20 en primer lugar. Nos detuvimos un momento, reabastecimos nuestras mochilas y botellas, tomamos un poco de fruta y empezamos la siguiente parte que era de subida.
Sabía que ya no iba a poder parar si quería mantenerme en primer lugar. Empecé a separarme un poco de Abdalá. Pronto vi una marca fuera de la ruta. Me paré, corroboré en mi reloj, que me decía que era para el otro lado, entonces decidí esperar a Abdalá para corroborar.
Pronto apareció en el camino, pero venía al lado de la otra chica que iba en segundo lugar. Me vio, me dijo que sí era para donde decía y me dio un mini empujón, que entendí como un ¡tú continúa, no me esperes!
Entonces ya no me detuve. Me fui alejando de todos hasta que me quedé sola en el camino. Me puse música y veía los paisajes a mi alrededor. Me sentí encima del mundo.
Llegué al abasto del kilómetro 28. A partir de ahí comenzó la parte más dura. El camino zigzagueaba en una intensa subida. Pero también ahí me encontré a mucha gente de la comunidad afuera de sus casa, viendo a la gente pasar. Todos los niños saludaron, entre ellos, uno estaba esperando a los corredores con un vaso de agua.
Al llegar al último abasto ya sólo faltaban unos 200 metros de subida. ¡Sentí tanto alivio! Después una última bajada. Ese tramo pareció una eternidad. Pero cuando vi la iglesia en la distancia y a toda la gente esperando en la meta, me dio muchos ánimos. Incluso olvidé el cansancio en las piernas. ¡Crucé la meta en primer lugar!
Los paisajes de la ruta, especialmente en las partes más altas, fueron incomparables, realmente todo valió la pena. 
Fotografía cortesía Lysette Taplin.

Deja un comentario