Foto portada: Ricardo Lugo

Pablo Meade es estudiante de psicología, vive en la Ciudad de México; su más grande hobby es probar cosas nuevas así como vencer sus miedos, y de esta manera afirmar que su discapacidad auditiva no es una limitante para la aventura. Pablo participó en el proyecto México Incluye, logrando la cima del Kilimanjaro en el 2016.

“Llegar a la cima del Kilimanjaro fue una forma de reafirmar que la montaña es un espacio para todos, para todos aquellos que, al respetarla, buscan vencer sus propios miedos.” Pablo Meade

Por: Pablo Meade

Conocer un nuevo continente, nuevos países, hacer un ascenso a la montaña más alta de todo África: el Kilimanjaro y sus 5895msnm, suena a la ya normal historia de alpinismo turístico, pero esta no es una historia cualquiera, aunque así lo parezca.

Todo empezó con una invitación a participar en un proyecto de inclusión relacionado con el alpinismo; dos semanas después estaba realizando mi primer ascenso a las rodillas del Iztaccíhuatl; dos semanas en las que dejé de fumar por completo y comencé a hacer más ejercicio.

Después siguió el Nevado de Toluca, cumbre en el Iztaccíhuatl, la Malinche, otra vez el Nevado y nuevamente a las rodillas del Iztaccíhuatl. Fue casi un año de ascensos, conseguir patrocinios, hacer planes de ejercicio, alimentación, e incluso cambiar hábitos de dormir. Un giro total de mi vida cotidiana, de la manera de ver las cosas y de aprender que, como dice el lema del proyecto: “juntos, no hay imposibles”.

Por fin llegó el día del viaje, el 29 de noviembre del 2016, después de prepararnos desde abril del mismo año. Nuestro vuelo fue el 1º de diciembre a Arusha, un pueblo en Tanzania donde pasamos la primera noche; al día siguiente nos trasladamos a unas cabañas, al pie de la ruta Rongai, donde comenzaríamos la aventura al tercer día.

La caminata la iniciamos el 3 de diciembre, e íbamos haciendo campamentos a lo largo de la ruta. Un integrante del equipo llegó a Tanzania el mismo día y nos alcanzó en el primer campamento, desvelado y sin equipo, porque su maleta no llegó; entre todos le prestamos las cosas necesarias para que pudiera buscar la cumbre.

Fueron pasando los días, acampamos en diferentes lugares buscando la aclimatación; algunos se enfermaron, otros tuvieron problemas con ampollas, uno intentaba sobrellevar molestias en una rodilla, pero nadie se quedaba atrás.

Por fin llegó el día de hacer cumbre. Comenzamos a la una de la mañana, un día tan esperado por meses, un día que algunos no imaginaban que llegaría. Teníamos el cansancio del viaje de llegada a Tanzania, de los días que acampamos, cansancio del esfuerzo que ya habíamos realizado y todavía nos faltaba la parte más dura.

No obstante, comenzamos ese último día con toda nuestra motivación y con un gran sentido de unidad. Lo logramos. Solamente una persona no llegó por temas de seguridad; pero lo que logró esta persona fue más, mucho más de lo que logramos el resto del equipo haciendo cumbre.

Seguro sigues pensando, “esto es una historia más, no le veo nada especial. ¿Dónde está lo impresionante?” Pues me gustaría contarte: el proyecto se llama México Incluye, creado por Federico Núñez, y tiene como objetivo cambiar la cultura de inclusión de las personas con discapacidad en México.

La persona que llegó sin maleta y que caminó el mismo día para alcanzarnos es Jaime, quien tiene discapacidad visual. La persona que mencioné que no llegó hasta la cumbre es Benjamín, quien tiene discapacidad motriz, es decir, no tiene piernas. Y yo, Pablo, quien te está contando esta historia, tengo discapacidad auditiva.

Subir con personas que tienen diferentes discapacidades, como lo hicieron nuestros guías Héctor Ponce de León, Ricardo Lugo y el guía líder Godlisen y los portadores, tiene sus retos específicos, como sacar a Jaime de una tienda de campaña que no era la suya, cuando se había quedado dormido, o buscar que yo no me perdiera ningún chiste y que Benjamín no dejara sus pompas atrás.

Claro que hubo otros retos. En la bajada tenían que ayudar a Jaime, yendo alguien delante de él para orientarle y que pudiera medir las distancias. Gran parte del camino ayudamos a Benjamín para que fuera con su silla de ruedas, que algunos empujaban y otros jalaban, mientras él la controlaba. En mi caso, tenían que asegurarse de que los oyera. 

Conocer a Jaime y a Benjamín fue una gran experiencia, ya que incluso a mí me enseñaron que la discapacidad se traduce como una dificultad por la que podemos necesitar un poco más de apoyo e incluso de ayuda tecnológica. Pero que, visto así, realmente todas las personas poseen alguna discapacidad, por supuesto que unas más obvias que otras; pueden ser dificultades en socializar, en las matemáticas, en prestar atención. 

Con Jaime y Benjamín me di cuenta de que nuestra capacidad por adentrarnos a lo desconocido, vencer nuestros miedos, llegar a lugares antes impensables y vivir experiencias fuera de la vida cotidiana, la tenemos muy bien desarrollada. 

Creo que, una pregunta que puede surgir en personas que estén pensando hacer deporte outdoor, como alpinismo, es que si es para todos. Sí, es para todos y creo que deberíamos de probarlo en algún momento por las enseñanzas de vida que te puede dar.

Claro, no hay que tomárselo a la ligera. Estos deportes conllevan ciertos riesgos, por lo que hay que utilizar el equipo adecuado y buscar asesoría. 

 

Finalmente, con unas u otras discapacidades, en la montaña se aprende a conocer el propio cuerpo, los límites tanto físicos como mentales. Allí aprendemos a confiar más en nosotros mismos, a entender que muchas veces las barreras nos las creamos o inventamos. 

Y probablemente lo más importante que uno desarrolla en la montaña es la actitud. No vas a ir a estar sentado cómodamente en un sillón con calor y tomando una cerveza. A lo que vas es a que te toque lluvia, nieve o soleado, vas a conocerte, vas a romperte para reconstruirte de nuevo, vas a salirte de tu zona de confort y probablemente, después de eso, no querrás regresar.

Foto: Ricardo Lugo

El Kilimanjaro me dijo algo: “ten cuidado, ahora corres el riesgo de querer esto por el resto de tu vida”. Así fue. 

Si bien por temas académicos no he podido pasar tanto tiempo en la montaña como quisiera, ya estoy planeando mi ascenso al Pico de Orizaba. 

¡Buenas cimas a todos!

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